La educación es algo integral en el ser humano, por ello, es algo que nos compete a padres y docentes por igual. Una de las mejores herramientas que tenemos para enseñar y educar es la comunicación.
Durante las etapas de crecimiento, los niños y los jóvenes están en pleno desarrollo físico, psicológico y afectivo, por lo que son altamente vulnerables a la influencia que puede llegar a ejercerse sobre ellos por medio de la comunicación.
Cuando nos comunicamos, a menudo trasladamos sin darnos cuenta nuestras propias expectativas, prejuicios y estereotipos y, si no cuidamos dicho proceso, aspectos tan determinantes como la autoestima, el autoconcepto, la motivación y la autoeficacia de los niños y adolescentes pueden verse afectados.